El eterno Barahonero

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Sí. El título hace referencia al eterno aquel.  El que entendió entendió. El que no, que siga para donde iba.

El eterno Barahonero es aquel que siendo Barahonero su mayor placer esta en ver a Barahona jodida. A todo Barahonero se le ha preguntado alguna vez fuera de allá,  que como es posible que siendo tan bonita y con tantos atractivos está sumida toda la región en la miseria. Dura y pura con la que los jóvenes chocan de frente como si fuera una maldita pared que no los deja avanzar.  Pregunta a la que nunca tenemos una respuesta correcta, ya que son varios factores y no una razón en sí.  Uno de esos factores es el eterno Barahonero.

Es este que pudo salir, ahora está más o menos bien, pero aun desde afuera sigue jodiendo todo lo que pueda significar progreso, pone todas las trabas posibles para impedir su desarrollo, no necesariamente desde un puesto de poder político, a veces solo sembrando cizaña en todo proyecto que se piense para desarrollar la zona. Sur profundo nos llaman, pero de profundo solo está la maldad de este grupito, que no es un grupo formalmente establecido, solo son unos hijo del diablo que por desgracia para nosotros comparten dos características; Ser Barahoneros y desear lo peor para su propio pueblo.

Sur profundo nos llaman, porque está lejos justifican.  Lejos esta Puerto Plata y Santiago o Samaná, si el punto de referencia es Santo Domingo.

Cuando se habla de un proyecto solo piensa en boicotearlo poniendo todas las dudas su veracidad o su desempeño. Si se logra hacer le prenden una vela al mismo satanás para que fracase, ya que en el fondo solo quiere decir;  -Se los dije, no iba a funcionar. Pero si por manos de Dios si funciona, entonces usa sus contactos, porque para eso son. Para hacerse parte de este, entonces dice;  -Hay que apoyar lo nuestro. Un día dicen una cosa y al siguiente otra descaradamente, o intencionalmente, ya sea por desvaríos con intención de confundir.

Es aquel que cuando se pone un negocio igual al suyo o mínimamente parecido  cerca, pero que no sea de algún miembro de su familia le manda a tras a los mismo demonios del averno, hasta lograr cerrarlo o romperlo literalmente. Llegados a ese punto si, usan la política.

Es aquel que ya no está cenizo por la el polvo porque vive donde hay poco, pero que no quiere que otros salgan de ahí. Si alguno está asomando la cabeza para salir, lo empujan otra vez dentro, con críticas y difamaciones. Y como nadie es profeta en su propia tierra sacan a la luz cualquier error del pasado para desacreditarlo, y  que vuelva donde ellos entienden que debe estar. En el polvo.

Es ese que salió, y no quiere volver, pero no quiere que otros salgan ni que los que aún están mejoren su situación económica.  Es el que se complace solo mirando desde afuera y queriendo fingir que es de otro lugar. Que quiere olvidar de donde vino y donde están sus raíces.

Es el que cuando por algún medio alguien está escalando lo detienen alegando un tajante; -No somos iguales. Como coño van a ser iguales si no lo dejan pasar de cero. Es el que es capaz de autojoderse con tal que el que venía detrás suyo ya no tenga carrera o razón para seguir ese camino. Dañando lo  que él mismo estaba haciendo solo para que no aparezca alguien que pueda hacerlo mejor.

El eterno Barahonero es el que quiere ver al sur con toda su belleza sumida en la nada, viendo los jóvenes sentarse  a soñar bajo la sombra de una mata en algún pueblo  polvoriento con cosas que no tiene y no podrá tener. A sus viejos tristes esperar la muerte siendo tan pobres como nacieron, sin haber visto ante ellos una verdadera oportunidad. Es él quiere ver esa mirada triste que tiene el que ve pasar al que se va sabiendo que no quiere volver porque simplemente no tiene a que.  Es el que no quiere que se nos quite esa etiqueta de sur profundo, esa etiqueta de que en Barahona solo hay polvo y espinas, esa etiqueta de miseria y pobreza con las que nos quieren eternizar.

Es el que le molesta que otros progresen, es que no les gusta que extranjeros y foráneos vengan a la zona a aportar un granito de arena y progresen.  Hay muchas clases de estos enemigos de su propia tierra, pero todo tiene en común la maldad y las ganas eternas de vernos mal. Ganas que se llevaran con ellos al infierno tarde o temprano.  Porque si algo nos ha ensenado el tiempo es que todo tiene su momento.

Es el que quiere ver al Sur  con tantas playas, bosques, fauna y gente eternamente pobres. Son unos poco, son unos cuantos, pero sí que mucho daño nos han hecho.

Hoy le tocó a Venezuela, mañana puede ser a cualquiera.

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“…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

Es triste ver lo que está pasando en Venezuela, es triste ver lo que está pasando en todo el mundo de hecho. El tema de Haití y el racismo dominicano producto de una larga historia entre ellos y nosotros es un tema que casi ni pensamos ni hablamos mucho, paso hace 173 años y aún nos miramos de reojo.  Los dominicanos no somos racistas. Somos ignorantes. Mirando la cantidad de inmigrantes que estamos teniendo en los últimos años,  están llegando desde Haití, Rusia, Colombia, Venezuela entre otros,  creo que debemos llegar a la conclusión de que a los dominicanos no nos esta yendo tan mal. Aun teniendo los gobernantes que tenemos,  que son arbitrarios,  ladrones y/o narcos, aún estamos bien.

Digo que somos ignorantes porque nos olvidamos que nosotros  también somos inmigrantes, tenemos dominicanos buscando mejor vida en cada rincón del mundo. Y en esos rincones también somos maltratados. Me da pena ver mujeres hablando que las venezolanas les van a quitar sus maridos porque son bonitas. Aquí hay mujeres también hermosas, que nos vienen  a quitar los trabajos porque la mayoría son profesionales. Eso es culpa de nuestros líderes y de nosotros mismos. Cabe destacar que es algo de admirar que un profesional acepte trabajar lavando carros o vendiendo arepas en la calle, porque  aquí el que vende empanadas en la calles es porque no es profesional, ni técnico ni sabe hacer nada y no le queda más opción que vender empanadas. Lo mismo pasa con los haitianos, que andan por ahí vendiendo unas cremas que solo les gustan a ellos,  ropas,  o lo que sea y muchas veces también son estudiados y hablan hasta cuatro idiomas.

Creo que es tiempo de que nos demos cuenta que ya somos  multiculturales y aprovechar eso para crecer. Como país y como personas. Ser solidarios porque con la mierda de gobierno que tenemos puede que pronto nos toque a nosotros, Venezuela es un país rico y mira lo que está pasando ahora mismo. Imagínate que nos pasaría a nosotros que no somos ni petroleros  ni el país más educado del mundo, repito, culpa de la política que tenemos,  que como ejemplo pongo que  estamos en abril y aun no se ha regularizado el año escolar que inicio en agosto.  Y de nosotros mismos también.

Pero volviendo a la frase del che. Que ironía que sea un régimen comunista el que está maltratando su propio pueblo cuando rezan frases como esas.  Que ironía que nosotros los que las leemos y la reescribimos no sintamos el dolor ajeno y aunque no podamos hacer mucho para ayudarlos por lo menos brindar una mano cálida que los consuele en este momento.  Que estúpido son los prejuicios que tenemos con los que vienen a este país de mojiganga a buscar refugio de donde nosotros nos queremos ir. Deberíamos ver que no estamos tan mal y comenzar a buscar la manera de quedarnos en nuestro país y aprovechar lo bueno que tenemos y crecer,  aprender a ser solidarios y esperar que no nos vuelva a tocar a nosotros vivir lo que ahora viven ellos, porque si, ya pasamos por eso nosotros hace unos años atrás, pero el dembow y otras yerbas no nos dan chance a recordar y advertir a los que vienen subiendo.

Dejémonos de prejuicios  y tonterías,  el mundo en si ya es un lugar horrible, hermanos contra hermanos, feminicidios, guerras, hambre, enfermedades, madres desalojadas de la casa donde criaron a sus hijos y a sus nietos por su propio  hijo, embriagado por una ilusoria superioridad.

Tratemos de mejorar un poco nosotros mismos y hacer algo bueno por alguien alguna vez, quizás  el mundo siga siendo lo que es, pero podamos mejorarlo un poco aunque sea para una sola persona, quizás nos ayude a nosotros mismos,  no enfocarnos en las cosas malas y dar apoyo a alguien en algún momento, quizás no sirva de mucho en términos generales, pero individualmente, a veces con algo simple basta.

Seamos sinceros, el mundo es horrible, pasan cosas malas todos los días. Pero aunque todos sufrimos por algo diferente, que esto no nos quite la buena voluntad ni nos ciegue ante el dolor ajeno, y tratemos de aprender a ser solidarios unos con otros, sin importar nacionalidad, color de piel o estatus social. Aprendamos.  Porque la vida da muchas vueltas y como escuche a alguien decir un día; A veces Dios es chiquito, pero jodón.

Un día eres la estatua y al siguiente la paloma.  Hoy le toco a Venezuela, mañana puede ser a cualquiera.

Tenía hambre

me-siento-solo-ante-mucha-genteSaben!

Les contare una historia. Hubo un tiempo antes de que nacieras mi niña y cuando tú apenas eras un niño en la que tuve mucha hambre.

En ese tiempo no tenía ni un peso ni para comer. No recuerdo las circunstancias ni las razones que me llevaron a ese estado, quizás un sin número de decisiones equivocadas. El caso es que me vi en un trabajo en el que solo ganaba dinero para pagar la renta y nada más. No me quedaba un solo centavo ni siquiera para comida. En esos meses dependía enteramente mi abuela, mi hermano y mis amigos, aunque ahora que lo pienso creo que ellos no estaban al tanto de hasta que punto dependía de ellos para algo tan básico como comer, no es necesario decirles que era la primera vez que me veía en esa posición en toda mi vida adulta, pero ahí estaba.

Recuerdo que un día me levante como siempre, no sentí nada raro esa mañana, fui al trabajo donde siempre había café y tome un poco. Trabaje toda la mañana y a las doce del mediodía como todos los días me fui a la casa. Como sabemos esa es la hora del almuerzo. Sin embargo cuando llegue a la casa de mi abuela no había nada, no me guardaron nada así que me fui a mi casa y me acosté hasta las dos de la tarde que era la hora para volver a la oficina.

Volví y otra vez tome café en la oficina y me volví a concentrar en el trabajo. A las seis de la tarde salí y volví a la casa de mi abuela solo para encontrar que no me habían guardado nada para comer, otra vez. No pregunte ni dije nada a nadie y me fui a mi casa a pasar el rato.

Esa noche como todas las noches salí y me encontré con mis amigos, vimos una película, creo que nos sentamos a hablar tonterías en el malecón mirando hacia la playa y la pasamos bien haciendo nada más que hablar de cualquier cosa. A las diez y algo me fui a mi casa y creo que no pensé en que en todo el día no había comido nada más que dos cafés. Escuche música un rato, me acosté y me dormí como lo hacía todas las noches. Mi rutina no cambio en nada. Quizás por no pensarlo mucho, pero aun no tenía hambre.

Al día siguiente me levante temprano, tenía mucha hambre. Llegue a la oficina y me tome una taza de café y un vaso de agua y se me quito. Trabaje y las doce fui a casa de mi abuela y no sé porque exactamente porque pudieron pasar muchas cosas para que suceda eso, pero otra vez no me había guardado nada para comer, recuerdo que parado en la cocina frente a la nevera mire a la izquierda y a la derecha como esperando que alguien aunque allí no había nadie me hablara y me dijera que en algún lugar había algo para mí, sabía que eso no iba a pasar así que un poco desanimado me fui a mi casa y me acosté. A las dos de la tarde volví al trabajo, una taza de café, un vaso de agua y a trabajar.

Salí a las seis y como un robot no sé a qué pero volví a la cocina de mi abuela a nada, Salí y me senté afuera en la acera a mirar un poco para arriba y para abajo sin nada que ver ni nada interesante en que concentrarme. Note un ligero dolor de cabeza y decidí acostarme un poco antes que llegue la noche.

Esa noche salí y me vi con mis amigos, fuimos a la casa de una amiga y nos sentamos en su galería, hablamos y discutimos sobre varias cosas sin sentido, lo normal. Yo pasaba bien el rato, pero en el fondo de mi estaba esperando que me inviten a cenar porque tenía hambre. Pero no paso, así que me fui temprano, me despedí del grupo y aunque literalmente tenía que cruzar el pueblo para ir a la casa de mi hermano no lo pensé dos veces y fui donde él y me senté a hablar un poco, como llegue sin avisar y ya entrada la noche tenía la sensación como que estaba interrumpiendo algo, sabía que no era una hora de visita y espere lo suficiente para saber que no me iban a invitar a comer algo y cuando vi que eso no iba a pasar me fui a mi casa. Fue una caminata muy larga y estaba cansado. Se me había quitado el dolor de cabeza pero sentía que las rodillas no me funcionaban bien. En el camino a mi casa cuando estaba a mucha distancia de la casa de mi abuela, de la casa de mi hermano y de mi propia casa me dieron ganas por un instante de no seguir caminando. Quería sentarme ahí mismo en el suelo o la acera a esperar no sé qué. Pero seguí, camine y en ese momento mientras caminaba hacia donde sabía que no iba a encontrar nada para comer cuando llegue sentí desaliento, mire al cielo y recuerdo que dije; Dios, será verdad que yo me voy a volver a acostar sin comer nada?

En apariencia estaba normal, pero por dentro de mi estaba llorando, después de eso honestamente les digo que sentí esperanza aunque no se porque. Llegue a mi casa, me bañé, escuche música, y me puse a ver una película. Estaba como cuando alguien está esperando algo, todo ese rato no me pude concentrar en nada porque estaba como esperando que algo pasara y llegara comida de alguna forma milagrosa o mágica. Pero no llego. No dormí bien esa noche.

A la mañana siguiente otra vez lo mismo, café, oficina, una vaso de agua. A las doce fui donde mi abuela y nada, Salí desesperado,muy desesperado por dentro pero caminando despacio no para disimular mi estado de emergencia sino porque no tenia fuerzas para ir de prisa, fui a casa de mi hermano, él iba saliendo y hablamos poco, como yo andaba a pies y el en un motor se ofreció a llevarme al trabajo, aproveche para irme a trabajar y evitar tener que volver a caminar medio pueblo a pies a las dos de la tarde con el sol en su punto máximo. Llego las seis de la tarde y aunque tenía más de dos días sin comer no tenía hambre, sentía algo pero era algo más parecido a la nostalgia que al hambre, era como pena de mí mismo. Era como una tristeza muy espesa.  En ese momento no pensaba en la comida como algo que me saciaría, no, pensaba en la comida como si la extrañara. Era como un recuerdo vago de algo que me gustaba hacer y que ya no sabía cómo se hace. Llego la tarde y ese día alguien me llamo para que le hiciera un trabajo. Era repararle su computadora, desde que salí del trabajo no fui  donde mi abuela ni donde mi hermano, fui a trabajar donde me habían llamado. Recuerdo que cuando pude no se como terminar el trabajo me pago seiscientos pesos. Todo está en blanco en mi mente desde el momento en que recibí el dinero.

Ya entrada la noche, debían ser las nueve y algo, no se como, pero se que fue muy rápido me vi parado frente donde vendían pollos al horno y compre uno entero. Llegue a la casa y como una noche normal prendí la televisión y me puse a ver los Simpsons. Me bañé y me senté a cenar, lo más extraño es que después de casi tres días de no comer nada no tenía hambre, lo que tenía era un dolor en alguna parte del cuerpo pero no sabía decir exactamente dónde. Si recuerdo que cuando comencé a comer note que me temblaban un poco las manos. Comí y en ningún momento trate como comida como comida, comí despacio y con calma. Sentía como si me estuviera reencontrando con un viejo amigo. Cuando termine mire el plato desechable en el que había una vez un pollo, yuca y cebollas. Estaba limpio como si lo hubieran acabado de hacer, estaba inmaculado.

No como cebollas, pero esas me las comí todas, del pollo, me comí hasta los huesos. No había dejado nada en ese plato. Aún recuerdo el sabor de esa cena.

Pero saben que es lo que más pienso y más me sorprende sobre esos días?

Es que me reuní con varias personas, familia, amigos, compañeros de trabajo y gente por la calle. Y aunque estaba distraído y de vez en cuando mi voz no salía cuando intentaba hablar y tenía los ojos como empacados al vacío y la mirada perdida y pálida y caminaba lento. Durante tres días tuve un hambre agonizante, y una tristeza que me congelaba los huesos, pero a pesar de estar entré tanta gente, nadie se dio cuenta.

Guerra civil

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Aquello era la guerra… El dolor y la desolación en los rostros de los soldados dejaban ver la amargura que sentían en sus propias carnes . No cavia duda que era el infierno, armas en manos, ojos llenos de lagrimas y miradas de desolación atormentaban a las tropas que en compañías numerosas salían de sus trincheras  a encontrarse  cada día con la muerte en una desolación espeluznante. Sus dedos sucios de sudor y barro ya no tenían fuerzas para matar, pero tampoco tenían animo para dejar de hacerlo.

La guerra en la que se habían metido sin razón ni motivo ya había consumido de ellos todas esperanza, toda pasión, solo les quedaba seguir luchando sin amor a nada  y por razones que nadie recordaba, pero ahí estaban, mirando fijamente al enemigo a los ojos, esperando, y apuntando con sus manos temblorosas  fijamente al enemigo.

Se veía en el campo de batalla un arco iris tan intenso que parecía que podía tocarse con las manos. Cuando la batalla se arreciaba y los soldados luchaban cuerpo a cuerpo podían llegar a ver el chorro de agua que salía de las puntas de sus pistolas, agua con sabor vainilla salía inmisericorde de las ametralladoras automáticas.    Granadas explotaban dejando a su alrededor todo cubierto de confite, caramelos y goma de mascar.

Una inmensa alambrada de algodón de azúcar intricada en el campo de batalla hacía imposible que los soldados evitaran caer en las minas de malvaviscos de colores rellenos de azúcar y caramelo derretidos.  charcos de chocolate espumoso, bombas de humos que envolvían el aire con un suculento olor a fresa les nublaba la mente y caían uno tras otros muertos de alegría.

Cuando un soldado caía en manos enemiga lo llevaban a una habitación decorada con flores frescas y lo obligaban a elegir entre cenar con un vaso de chocolate con leche y un pedazo de bizcocho,  o un poco de té de tilo. Las sabanas limpias y el olor a dulzura que salía del cuartel  general convertían ese cautiverio en la peor tortura que se pueda imaginar. La ternura de los soldados y el cuidado atento  de los carcelarios volvía locos hasta el más cuerdo, nadie soportaba tanto cariño sin perder la razón.

Aquella guerra sin cuartel era horrorosa,  amenazaba al mundo entero con una paz infinita y lo que es peor, con eliminar de la raza humana su identidad, de su increíble facultad para hacer lo único que nos identifica como seres humanos. Que no es más que nuestra increíble capacidad de hacer maldad.

Era horrible…

Mi primer recuerdo

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Capitulo uno

Oscuridad. Un pitido en los oídos, lo ojos apretados frente a un resplandor cegador. No se veía nada porque sus ojos estaban cerrados, se veía más bien un rojo intenso por la claridad del día.

Cuando los abre esta sentado en una pequeña barca en la orilla de una playa, es la misma a la que ha ido una y otra vez desde su infancia. Mira la arena blanca brillar como diamantes al sol, el agua cristalina que parece de vidrio liquido, un poco más y se ven las algas bailar en el fondo al compas de las ola. Los pececitos juegan y se esconden, sus colores resplandecen, parecen niños jugando y se le desprende una sonrisa. Aun mas allá y ya se ve el azul oscuro de la profundidad y su mirada se pierden en el horizonte.

La calma de la tarde sentado solo en la playa le permite entrar en lo mas recóndito de sus recuerdos y se ve jugando en el rio con sus hermanitos.  Vivian en un pequeño pueblo de pescadores en el interior, pero no estaba jugando con peces de agua salada, estaba jugando en un rio rodeado de pececitos bonitos que parecían también divertirse mientras ellos con sus manitas los tratan de atrapar. A lo lejos sus padres conversan en relajado reposo.  Mangles y flores por las orillas, mangos y guineos dan sombra al paraíso.

Después de mucho intentarlo se rinden en la orilla, su piecitos aun dentro del agua se acuestan cansados de tanto jugar, ya tienen frio, pero igual no importa. Su padre se levanta y camina, coge el recipiente con el que intentaban atrapar el pez y sin ningún esfuerzo aparente atrapa uno pequeño. Con una sola mano carga a los niños y mientras ellos canta, gritan y miran a su pececito su mama los viste como puede. Llega la tarde y es hora del volver al hogar, pero eso no quiere decir que la diversión tenga que acabarse. Subidos en el tanque de gasolina de la motocicleta de su padre van abriendo la boca para que se les llene de briza que sopla en la carretera costera al lado de una playa tan larga como alcanza la vista. Saludan las vacas, llaman los chivos, gritan a las gaviotas y levantan las manos a los campesinos cargados de útiles de pesca que cansados caminan a sus casas después de una larga faena en el horizonte.  Todo se ve lindo. Todo es perfecto, incluso el ruido del motor parece una invitación a gritar más y más alto.

Ya en la casa se desmontan y corren dentro de la casa buscando a su amiga la gata blanca. La que había parido cuatro gatitos y huyéndole a sus amiguitos siempre cambiaba de madriguera, un día estaba con sus hijos debajo del fogón que no se usa en la cocina, al otro detrás del estante de la sala. Ayer estaban escondidos en un montón de escombros en el patio, pero esa tarde estaban debajo de la cama de sus padres.

El saca a su pececito del embase en el que su papa se lo dio y se sorprende a ver el pez  dar saltos en su mano. Sorprendido se da cuenta que el pez quiere nadar en el aire. No se imagina que en verdad el pez se esté asfixiando. Por supuesto no sabía que los peces necesitan agua para respirar. Si se lo hubieran dicho no lo hubiera creído tampoco.  La gata blanca sale de debajo de la cama y se para frente a él como quien está esperando algo.   Ve que en su manita por fin se quedo tranquilo el pez y piensa que ya se canso de querer nadar en el aire sin darse cuenta que en sus manitas se había muerto el pececito de amor, si, porque por otra cosa no fue. Le muestra el pez a su gata blanca y esta como quien está a acostumbrada a hacerlo todos los días  con un solo lametón se come el pez y se queda esperando por mas.

El niño se queda parado sin saber que hacer o que decir. Su hermanito contempla la escena y esta tan sorprendido como él.  No está asustado, pero si confundido, le pregunta a su papa  ya acostados antes de dormir porque paso eso. Quedando en el aire por primera vez una pregunta que ni su padre supo responderle.  Se sentó en la cama ya todos acostados y lo  miro a la cara cuando le pregunto porque, porque no pueden ser amigos, un niño, una gata blanca y un hermoso pececito.

Carta a un amigo.

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Porque sentimos que le damos más importancia al día de la madre?  Es simple aunque necesitare muchas palabras para responder a esa pregunta. Quizás es porque nuestras madres lo primero que hacen es tenernos dentro, cuando se fajan a aguatar dolor o cuchillo para que podamos salir nos dan hasta un cable del que agarrarnos, y para que entendamos que se nos acabo la beca lo primero que nos dan al salir es una nalgada, todos se ríen menos tu. Aguantar el dolor es solo el principio para una madre.  Con darnos el don de la vida ya damos por sentado que nos aman y nos protegen y lo más importante. Nos apoyan.

Pero sin embargo no todos los padres saben serlo, un buen padre no es solo el que nos da de comer, eso lo podría hacer un tío o un hermano, un amigo, hasta un desconocido. Un buen padre del que un hijo se sienta orgulloso y lo tenga colgado de las orejas como generalmente se lleva a la madre es el que nos ve cambiar paso a paso de niños a hombres, nos aconseja en el camino con sabiduría, a veces prejuicios pero siempre con amor, sin obligarnos a cambiar y nos guía con palabras, incluso en los momento de mas desaprobación se digna a dedicarnos una a palabra y nos dice lo que espera de nosotros y se sienta a esperar a que seamos no solo varones o mujeres, sino personas que brindan un fruto a la sociedad, sin importar como, o el modo en el que decidimos vivir, pero que seamos algo de lo que el sentirse orgulloso.

Un padre es el que nos hace sentir que está pensando en nosotros siempre, es ese en quien piensas cuando estas a punto de tomar una decisión y por un instante piensas si vas a defraudar a alguien. Ese hombre en el que piensas,  Ese es tu padre.

Quien en los peores momentos de tu vida estaba ahí y aunque no te dijo nada cuando lo mirabas sabias que estabas haciendo las cosas mal y eso, solo con eso te reprendía.

Un buen padre es quien te apoya cuando te estás cayendo, que justamente cuando más lo necesitas por simple definición. Un padre es ese hombre que un día quieres ser un hombre o una mujer de familia responsable y mirarlo fijamente a la cara sabiendo que si lo has logrado es porque él te enseño como hacerlo. Un buen padre debería estar orgulloso de su hijo y decírselo por lo menos con una sonrisa de aprobación de vez en cuando o un apretón de manos o con palabras, pero decírselo sin temor a parecer débil. Es quien te da aliento si haces algo bien y te regana cuando hacer algo mal siempre con la misma autoridad.

A todos los padres que cumplen estas expectativas de nosotros los hijos les dedico este día. Supongo que mientras leías esto evaluabas si tienes un buen padre o si eres un buen padre.

Sé que tú lo eres aunque hasta ahora no te lo había dicho. No te lo digo hoy por ser el último domingo de julio, te lo digo hoy porque no te lo había dicho nunca y no era justo. Si bien casi no tuve padre como el que describo si he tenido varios y tú sin duda algunas eres el mejor me toco. Gracias a ti soy un poco como tú, mala vaina esa. Pero me gusta.

Gracias por ayudarme a ser como soy. A ti y a todos los que de verdad merecen un día al año sentirse especiales, hoy siéntete especia porque lo eres.

Les deseo felicidades. Primero gracias por ser mi amigo y  segundo gracias por ser mi padre. Felicidades.

Delfos.

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Hemos visto esas películas en las que a  alguien le predicen  su futuro y este sale corriendo a hacer un sin número de cosas para evitar que le pase lo predicho y son esas cosas que hace las que provocan que le suceda lo que estaba evitando.  Fue lo que le paso al famoso Edipo,  que habiéndole predicho que mataría a su padre este se va otro pueblo y después de años mata en un camino un hombre si saber que este al que mato era su verdadero padre. Lo que trajo más complicaciones de las que no me interesa hablar ahora.

Hace un tiempo tuve un sueño en el que me veía viviendo una vida totalmente diferente a la que en ese instante vivía. Asumamos que fue una revelación. El caso es que no me gusto  la idea ya que no encajaba en el plan de vida que tenía para mí.  Después de ese sueño délfico he pasado por varias circunstancias que no tenía prevista ni en mis peores pesadillas.  El caso es que cada día me parezco mas a ese que vi en ese sueño y que no quiero ser yo.

Me gustaría ser como la imagen que tengo de mí en mi mente, pero si mi destino es ser exactamente como no quiero todo lo que haga lo único que conseguirá es convertirme en lo que no quiero ser. Ya sabes, como pasa en las películas.  Así que, de ahora en adelante seré como soy sin pretender ser otra cosa, pero en el fondo de mi alma siempre va a quedar el deseo de ser diferente a lo que me voy a convertir.

Que fluya y que al final pase lo que tenga que pasar.