El tiempo debió tener un botón para poder detenerlo

El tiempo debió tener un botón para poder detenerlo a veces, debimos venir equipados para ir a esos recuerdos especiales y quedarnos ahí un buen rato, vivirlos, disfrutarlos, sonreír y volver al presente con la sensación de que en esta existencia hay momentos  que hacen que vivir valga la pena.

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Cuando decíamos; mami, hoy no quiero ir a la escuela o cuando nos enfermábamos y nos cargaban todo el día, debieron ser eternos esos días en las playas con nuestros amigos no solo por la playa, sino por los amigos, palabra que cuando creces pierde sentido. Jugar sin temor a ahogarse en el mar ni a perder el norte en un desierto, ni preocuparse por no quemarse como un carbón al sol, vivir sin la preocupación del dinero ni del trabajo,  soñar con ir muy lejos y mirar con los ojos muy abiertos el futuro,  soñar por soñar, imaginar un mundo donde todo era posible sin saber que algunas cosas son simplemente imposibles.

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Despertar cada mañana con la mente en blanco y sin más volver a empezar de nuevo sin pensar en rutinas u obligaciones.

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Deberíamos poder escuchar nuestras canciones favoritas  una y otra vez, y que siempre sea como la primera vez. Enamorarse de una sonrisa, de una mirada, de un olor, de una imagen, no querer que llegue el fin de semana para no dejar de ver a esa niña que se sentaba a tu lado en la escuela.

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Vivir otra vez esos momentos de angustias sentados frente a la oficina del director, asustado pero aun con la sonrisa marcada después de una travesura.  Vivir eso que sentimos cuando aprendíamos algo nuevo.

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Me gustaría tener un botón para detener el tiempo y poder observar durante horas a mi madre riendo, a mi padre enseñándome a hacer y volar una chichigua.  Detener el tiempo en el momento preciso en que ese primer amor nos dio un beso y nos dijo que sí.

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Hoy me gustaría poder detener el tiempo y volver a sentarme junto a mis amigos de infancia en la playa donde veíamos caer la  noche viendo el sol acostarse y esperando a nuestros padres que nos recojan después de un largo día de escuela y basquetbol que siempre terminaba en la misma playa, soñando y con la mirada fija en el horizonte, mirando inocentemente al futuro sin saber que un día ese seria unos de los recuerdos más hermosos de toda una vida.

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