En el país de los recuerdos felices

Había una vez,  no hace de eso mucho tiempo que en un lugar no muy lejos de aquí existía un niño que siendo muy pequeño tuvo que ver  que el mundo era un lugar incierto cuando aún era muy inocente, y aun su corazón no conocía el miedo, y su alma no sabía que era el dolor, y la maldad.

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Apenas era un niñito pero ya sus ojos sabían de qué color era el sufrimiento y el abandono, una mañana se sentó solito y miro su alrededor y comprobó que estaba solo,  vio el mundo muy grande, y el mismo se sintió pequeño, se dio cuenta entonces que si quería sobrevivir tendría que desaparecer, debía ocultarse en lo más profundo, en el silencio. Muy lejos olvidado en el país de los recuerdos felices.
Así se que sin pensarlo dos veces se fue, un día en el que no se despidió de nadie simplemente dio la espalda  y con su partida dejo un vacio que sería luego llenado por el adulto.
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Habiendo este llegado sin que le instruyeran en su nuevo papel en el mundo se volvió un adulto triste, casi siempre preocupado, como no puedo tener amigos y no habiendo compartido con el niño no aprendió a tenerlos y conservarlos, se volvió solitario. No le gustaba divertirse, pensaba que la vida era tan compleja que no era necesario desperdiciar el tiempo en cosas simples y divertidas, así que con el tiempo olvido que se siente ser feliz.

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Sin embargo hay veces que ese niño vuelve y se sienta a conversar con el adulto, le dice que sonría como antes cuando se divertía haciendo sus propios juguetes en el patio de su casa, le recuerda la ternura de un beso y el color de una sonrisa, le dice lo bello que es amar sin temor, abraza al adulto y por un instante ambos se complementan en una sola persona capaz de distinguir algunas cosas que el adulto solo no aprendió a entender, cosas sencillas pero hermosas, al niño se le olvido enseñarle al adulto como se besa si miedo, como mirar una persona y ver lo lindo de esta sin temor a ser herido o engañado, olvido el niño en su prisa por desaparecer y protegerse del dolor mostrarle al adulto como tener confianza en las personas, y como se cultiva la esperanza. Fueron muchas cosas la que murieron  al desaparecer el niño, fueron muchas cosas las que destruyo en su llegada abrupta el adulto.
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Sin embargo de vez en cuando se pueda ver al niño  jugar y reír por ahí, a veces se sienta a jugar con sus carritos que conserva como tesoros, se ha visto el niño cantando y dibujando con sus amiguitos, reír sin temor y besar con alegría, a veces vuelve el niño y se sienta a jugar en el suelo con sus barquitos de papel y de madera, abraza sus amiguitos y les dice al oído suavemente;  no se preocupen, yo los protegeré siempre.  A veces canta el niño cuando calla el adulto, a veces vuelve el adulto y extrañamos al niño.
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Casi siempre el niño le dice al adulto que no tenga miedo, que algún día podrá ser feliz y dejar de soñar y esperar, que podrá abrazar sin pensar en el miedo y besar con los ojos cerrados y el corazón completamente abierto.
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Así que un día el adulto escucho al niño y comenzó  a amar sin pensar en el miedo, sin temor al sufrimiento.  El niño le dijo al adulto dile que la amas, ten valor, madura y di lo que sientes. El adulto miro al niño fijamente y esta vez  le hizo caso, pero volvió el adulto a sentir la decepción al escuchar su corazón quebrarse una vez más, entonces se paro frente al niño exigiendo una respuesta, el niño solo dejo caer su mirada al suelo y volvió a dar la espalda,  el adulto lo miro partir y sus ojos se llenaron de lagrimas cuando se dio cuenta que por primera vez el niño había dejado de soñar, cuando vio que una y otra vez habían herido sus sentimientos y que esta vez era la primera en que el niño no tenia consuelo ni respuesta sus preguntas, así que observo mientras caminaba cabizbajo al niño y se despidió de él esta vez con lagrimas en los ojos por pensar que esa sería la última vez que  volverá del país de los recuerdos felices.
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Esta vez todos lloramos a ver que volvió a desaparecer entre la niebla del dolor el niño y nos volvimos a quedar solos con el adulto, esperemos que el niño vuelva, que sigua soñando y contándoles maravillosas aventuras  y que no deje de recordándole al adulto que solo se  puede ser feliz cuando se es verdaderamente como un niño.

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