Blanco y negro.

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Dos tristes figuras discuten sin llegar a ningún lado en la mas negra de las noches sobre como llegaron a ese tan frió y oscuro lugar. Sin camino que seguir ni lugar visible donde buscar ayuda ambos se preguntan que hacían allí, ninguno esta seguro de nada, solo ven los escombros dispersados en su alrededor. Llantas, fuego, pedazos de hoja Lata y sangre en sus manos le dejan claro que son victimas de algún olvidado accidente.

 

¿Donde estamos? Pregunta Javier, confundido y desorientado por la oscuridad, cansado y abatido por los golpes del accidente. No lo se, contesta Marcos, llorando y lamentados su situación. Imágenes de lo que puedo haberles ocurrido le llegan de repente a su memoria pero no son suficientes para formar el rompecabezas que se ha convertido su vida. Un cerro se imponía detrás de ellos y Marcos lo miraba mientras pensaba en lo lejos que estaba la carretera y los alto de las montañas que lo separaba de ella.

 

Arrodillado y llorando mira al cielo en busca de una respuesta que no llega mientras Javier lo observa tristemente a el. Refunfuña y maldice mientras su amigo Javier se levanta del suelo y sin pensar en la respuesta de su amigo Marcos sorpresivamente le dice:

 

        -Busquemos ayuda,  vamos a llegar a la carretera, debe haber una cerca.

 

         Estas loco! Yo no me voy a mover de aquí, alguien debe saber que estamos perdidos y nos va a venir a buscar pronto. No me voy a mover de este lugar.

 

         Marcos, vámonos de aquí,  no hay nada que comer ni agua, no podemos quedarnos tenemos que ver si cerca hay quien nos pueda ayudar.

 

         Déjame tranquilo Javier, no voy a moverme de aquí, si me muero no me importa, ya estoy cansado, vete y déjame solo que yo estoy seguro que alguien me va a rescatar.

 

Mientras miraba Javier a su amigo en el suelo se seco las lágrimas y con la voz quebrada le  dijo:

 

         Adiós entonces amigo, si encuentro ayuda vuelvo, pero no me voy a quedar a morir en medio de este desierto rodeado de tanta oscuridad.

 

No miro Marcos a Javier mientras se despedía, lloraba y miraba los escombros buscando en la basura algo que arrojara luz a su vida, pero no encontró nada más que polvo. Miro a todos lados y el  cielo sin estrellas le auguraba días tristes, y fríos, pero no se levanto, volteo y miro a Javier como se desvanecía en la distancia y solo recordaba aquella frase pronunciada por su amigo. “No me voy a morir en esta oscuridad”

 

El tiempo pasaba y Javier perdió la noción de la hora o del lugar donde estaba,  mientras camina en medio de una noche cansado y hambriento ya a punto de desfallecer una luz brillo en el horizonte. El sol le mostró un bello río de aguas cristalinas en medio del desierto, su asombro solo fue opacado por su alegría mientras se quitaba la arena del cuerpo y bebía con la alegría de un niño que ha descubierto un tesoro. Pero Marcos, yacía en el suelo en el mismo lugar en que se había quedado. Esto entristeció a Javier y reanudo su camino para encontrar alguna carretera y volver con ayuda para su amigo quien lo esperaba tendido en suelo.

 

Marcos se revolvía en la inmundicia de los escombros y daba vueltas en círculos pero jamás se alejo de su lugar, cerca del accidente que le había destrozado la vida, como siempre, entre si decía. Siempre las cosas me salen mal, no se como llegue aquí, y para colmo ahora estoy solo, Javier dizque es  mi amigo pero se fue y me dejo solo, como siempre me pasa. Y así pasaban los días y Marcos mas débil ya ni se movía, seguía esperando ayuda sin ni siquiera levantar la cabeza salvo para maldecir su destino.

 

Javier llego a la carretera, casi feliz y sin preocupación se sentó a esperar un vehiculo que lo ayudara a llegar a algún lado, no tardo mucho tiempo cuando una persona se detuvo y le brindo ayuda al joven que estaba sentado a la sombra en la carteara. Su rostro brillaba, no parecía el del alguien que ha estado perdido en el desierto.

 

Cuando llego con la ayuda  Marcos aun estaba en el mismo lugar que lo había dejado 4 días antes. En la luz del día pudo ver sus heridas, si  bien ninguna era de muerte con el sol, la tierra y la falta de cuidado se  habían infectado.  Acostado boca abajo estaba su amigo con la mirada fija en las nubes, como esperando una ayuda que evidentemente nunca llego.

 

Esta muerto, dijo el paramédico que le busco signos vitales. De que murió pregunto atónito Javier. Murió de deshidratación, contesto el paramédico mientras examinaba  sus manos ampolladas y sus labios agrietados por la sed.

 

Javier llorando de impotencia camino un poco y arrastraba los pies mientras subía el pequeño cerro que detrás de ellos imponente los separaba de la vida, su asombro se convirtió en llanto cuando descubrió que sin hacer el mínimo ruido y tan hermoso como la primera vez que lo vio cruzaba el río que le había salvado a  el la vida.

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